domingo, 3 de mayo de 2020

FELIZ DÍA DE LA MADRE

Durante toda mi vida guardaré en mi memoria la romería del Domingo de la Montaña cuando además celebrábamos el Día de la Madre.

Aún recuerdo muy nítidamente como íbamos a la finca La Hormiga en la parte de detrás de la camioneta de mi padre, en donde siempre estaba la madre de todas nuestras madres:
La abuela Isabel, de quién hay que excavar profundamente en los cimientos de la memoria para recordarla sin mandil; costumbre que heredó mi madre y que ha mantenido hasta que sus manos decidieron que ya no lo necesitaba y se negaron a dejar que anudase sus cordones a su cintura.

Luego empezó a celebrarse ese día en casa de mis padres. Todo el mundo traía sus platos: tortillas, ensaladilla, bacalao, patatas bravas, tarta,...
¡Y como no! La panceta y las sardinas. Esas no podían faltar, como tampoco el vino y la eterna pugna por decidir cuál era el mejor: el que traía Manolo que estaba al mando de la barbacoa, o el que traía Agustín.

Este año en cambio no habrá romería ni juegos de las siete y media.

Este año ni tan siquiera podré felicitar a mi madre, pues no podré verla a pesar de que aún está ahí.

Cómo dice la canción de Manuel Carrasco, *"... qué bonito es saber que siempre estás ahí, quiero que sepas que siempre te voy a cuidar..."*.

Hoy quiero compartir una fotografía de otro tiempo, en la que mi madre está como casi tod@s la recordáis. Junto a sus hermanas en un Domingo de la Montaña, en el Día de la Madre.



¡FELICIDADES A TODAS LAS MADRES!

miércoles, 22 de enero de 2014

Las inyecciones que necesito.

Aquejado de un dolor en las lumbares acudí por consejo del especialista de medicina interna al médico de familia. 

Este, tras examinar la placa, a pesar de no ver nada claro en ella y de decirme que sería conveniente hacer una resonancia pues considera que lo que me aqueja es una protusión cervical, me cambió los medicamentos que él mismo había prescrito hacía tan solo seis días, ante mi indicación de que me provocaban un dolor en el estómago que llegaba a ser mayor aún que el de la espalda, es decir, que era peor el remedio que la enfermedad.

Pero además, nombró la palabra que otrora consideraba maldita y que hoy, acostumbrado a pinchazos frecuentes con los que me sacan periódicamente una enorme cantidad de sangre para eliminar el hierro sobrante que se empeña en circular por mi sangre para intentar hacer acampada en mi hígado o en mi corazón y dañarlos, apenas provocó en mí la más leve impresión: tenían que ponerme unas inyecciones para calmar el dolor.

Al salir de la consulta del médico, aún pensando en el mejor momento para acudir al centro de salud para ponerme la inyección, me encontré con el enfermero que me corresponde y al que afortunadamente por visitar muy infrecuentemente la consulta, no conocía (la fortuna no era no conocer al enfermero, sino no acudir a menudo a consulta, pues es síntoma de buena salud).

Me dio hora para mañana: "a las 9:30 horas, pues antes tengo extracciones de sangre". Al ver en mi cara un gesto de contrariedad, me propuso otra hora: "las 14:00 horas". ¡¡Peor aún!! -pensé-. Para eso era mejor las 9:30 horas aunque en cierto modo, me partiera la mañana.

Sin embargo, recordando los muchos compañeros sanitarios con los que comparto mi intensa vida laboral en el sindicato FSP-UGT (si señores, no me da vergüenza y lo digo con orgullo), se me ocurrió escribir en el what´s up la siguiente frase: "Buenas tardes. Vengo camino de Plasencia. Esta mañana estuve en el médico. Me han prescrito una caja de inyecciones. Hay algún voluntario o voluntaria que se preste a ello o bajo al centro de salud cada mañana".

Poco tardó en llegar la primera respuesta de Rosa; luego Nieves; Visi a continuación; Momi, e incluso Maribel desde Trujillo atendieron mi  llamada. Lástima no tener otros compañeros sanitarios en el grupo de what´s up, porque no dudo en que también se habrían ofrecido a ello.

Comenzaron entonces las bromas: que si las banderillas, que si venganzas, que si huye, Jesús; que tengo una cuenta pendiente...

El caso es que las inyecciones, lejos de hacerme sentir mal, han hecho que me sienta más orgulloso aún de trabajar al lado de las personas con las que trabajo, entregadas día a día en una labor que se hace más ingrata por momentos, con la ilusión de saber que se están haciendo bien las cosas por encima de los sinsabores, de las críticas, de los descréditos e incluso de los insultos.

Me he sentido tremendamente contento de trabajar sin compañer@s de trabajo. Porque es así. No tengo compañer@s. Trabajo con amig@s, sí. ¡¡¡Y eso es una suerte. Una tremenda suerte. Porque son gente fabulosa!!!
Pero, ¿saben ustedes, quienes quiera que lean este escrito?: para saber eso, no era necesario que me tuvieran que poner inyecciones: Ya lo sabía.


domingo, 10 de noviembre de 2013

A mi tío MANUEL MOLERO BORREGUERO (In Memoriam).

Fue la tarde del día 21 de octubre de este ya odiosamente largo año de 2013, cuando te vi con vida por última vez. Y fue en ese mismo momento cuando supe que tenía que comenzar a escribir unas letras, pues tus días junto a nosotros estaban llegando a su final y muy pronto ibas a iniciar tu viaje al infinito.

Hacía tiempo que no me sentaba a escribir, pero sin duda tú merecías que ese paréntesis finalizara. Así, fue esa misma tarde cuando comencé a tomar notas de lo que serían unas pocas letras cargadas de sentimientos hacia tí y de agradecimiento a la vida por haberme brindado la oportunidad de conocerte.

Y ahora, con un nudo en el estómago, con el corazón comprimido y cuando mi mente aún se encuentra sobrecogida por tu reciente fallecimiento quiero terminar de arreglar las notas escritas ese día.

Hace poco que puse en mi página de Facebook un mensaje atribuido a Michael Jordan que decía: "Mis héroes son y fueron mis padres. No me imagino teniendo a otras personas como héroes". Sin embargo muchas veces, y esta es una de ellas, nos damos cuenta de que cualquier frase, por bonita y completa que sea, puede quedarse corta, pues en este caso, para ser completa, necesariamente debería incluir al menos a mis tíos Manolo y Pepi. También ellos a lo largo de mi vida han sido y seguirán siendo mis héroes.

Siempre quedarán en las amplias estanterías de mi memoria el recuerdo de aquellos domingos de la montaña vividos en familia (el primero antes que mi memoria comenzara a acumular vivencias; el ultimo este mismo año 2013), y ese eterno competir con el vino de tu hermano Agustín, presumiendo los dos de que el vino que cada uno llevaba en la bota era el mejor. El día transcurría mientras tú cogías los aparejos de la barbacoa junto a mi padre y a Agustín, y los demás comíamos sardinas, jeta, filetes, tortillas, y una gran cantidad de viandas, a cual mejor elaborada, pero sobre todo, mientras circulaba de mano en mano iba la bota del mejor vino que podía beberse.

Pero en realidad, nada importaba que el vino fuera bueno -que lo era-, lo que realmente importaba, era disfrutar de ese momento. Y sin duda lo disfrutabas plenamente y nosotros junto a ti.

Siempre recordaré tantísimas noches en las que durmiendo en tu casa, nos quedábamos hasta el cierre del bar, cuando llenas las cámaras y dejando todo inmaculado para el día siguiente, recorríamos el corto camino que mediaba entre la calle Médico Sorapán y la calle Badalona.

¡Cuántos platos de aperitivos he comido en ese bar! ¡Cuántas cervezas! ¡Cuántos Blody Mary´s! ¡Cuántos recuerdos buenos, y ni tan siquiera uno malo! Siempre recordaré el cariño con el que todos te bromeaban, el primero mi padre, pues para todos eras especial.

Como me duelen las lágrimas que antes de tu final salían de los ojos de mi madre, y como mi padre quedó impresionado el último día que te vio, temiendo que no despertaras la mañana del día siguiente.

Imagino que no hay consuelo que pueda paliar tanto dolor como el que en estos momentos estarán pasando mis primos-HERMANOS Domingo, José, Jorge, y como no, mi querida prima-HERMANA Rosi, con quienes solo pude fundirme en un abrazo al verles en esos momentos tan tristes, sin llegar a articular palabra: no era necesario.

Tampoco tus nietos encontrarán consuelo. La suerte es que no olvidarán en su vida a su abuelo.

Y mi tía Pepi. ¡Que fuerte has sido! ¡Cómo has sabido estar a su lado hasta el final! ¡Que persona más maravillosa eres!.

Sin embargo, a pesar de no encontrar consuelo ninguno de ellos, les quedará la satisfacción de saber que no han estado solos. Que arropándoles ha estado toda su familia unida como una piña para intentar hacerles más llevaderos esos terribles momentos.

Me gusta pensar que yo era uno de tus sobrinos favoritos, aunque en el fondo sé que no había favoritismos en tu cariño, y que repartías por igual para todos cuantos te rodeábamos. Sin embargo, siempre vi un cariño especial de ti hacia mí quizá por los muchos momentos pasados con mis primos en ese bar Fleming 2 al que tanto cariño todos teníamos. Y sé que también viste especial mi cariño hacia ti. Eso lo sabíamos los dos, ¿verdad?. Por ello nunca dude en presumir ante todo el mundo que eras mi tío. Tío con mayúsculas. Y ese orgullo lo manifestaba cada vez que alguien hablaba de su origen refiriéndose a Arroyomolinos (otrora "de Montánchez"), pues no tenía dudas de que, presentándome como sobrino tuyo, ya tenía la mejor credencial ante cualquiera, pues todo el mundo te elogiaba. Ya lo dijo en el tanatorio mi primo Domingo, "sé que hoy no vendrá ningún enemigo aquí, pues no los tenía".

Cuantas veces he recordado y seguiré recordando la profesionalidad en tu trabajo, el cual unido al buen hacer de mi tía Pepi en la cocina y a la ayuda de mis primos, hacía de Fleming 2 el mejor establecimiento de hostelería que pudiera visitarse, como años antes lo había sido el Fleming (sin desmerecer a otros, y mucho menos al de tu hermano Agustín que estaba a la misma altura).

Lamentablemente, no volveré a tomar ese buen vino de tu bota, ni a comer las sardinas que tan en su punto asabas. Eso no quiere decir que no volvamos a reunirnos para pasar un día de campo. Estoy seguro que desearías que así fuera. 

No pierdo la esperanza de que allá donde ahora estés, junto a tu hermano Juan vayáis juntando poco a poco a los mejores clientes y algún día lejano, nos reencontremos y podamos ir de pesca con esas cañas de pescar que tú y yo sabemos. En estas ocasiones nos damos cuenta que el tiempo se hace corto cuando ya se ha consumido y no se puede recuperar.

¡Cuántas cosas podría escribir sobre tí! ¡Cuántos recuerdos se agolpan en mi cabeza, queriendo ocupar todos ellos un espacio en este escrito! ¡Pero no es posible escribirlos todos aunque se empeñen en morder las entretelas de mi corazón!

Aunque todos sabíamos de tu marcha, también confiábamos en que ese día tardara en llegar. Ha sido el día uno de noviembre, el día de Los Santos o de Los Difuntos, cuando te has marchado. En un día triste de otoño, en el que los chopos aún aguantan las cárdenas hojas que el viento hace bailar a rachas descompasadas  En un día en el que podía sentirse frío en el ambiente, pero podía sentirse mucho más frío en el alma.

La vida nos ha privado ya de tu presencia física. Pero nadie nos puede privar de tu presencia entrañable. Nadie puede despojarnos de tus recuerdos. Sigue tu marcha hacia ese lugar desconocido de la eternidad, tío Manolo. No sé si alguna vez volveremos a vernos, pero suceda eso o no, tu presencia permanecerá acurrucada en mi corazón. Eres un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra: bueno.

Llegando al final de mi escrito, quiero poner una frase de Miguel Hernández que escribí el día de tu muerte en el Facebook junto a la fotografía tuya conmigo que he incluido aquí también: "No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra, ni a la nada".

Desde el fondo del corazón y con los recuerdos a flor de piel, un abrazo eterno. 

¡Adiós, Tío Manolo".